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foto: heiner castillo matarrita

Renata Flores: el canto para la memoria

La voz que el Perú necesita escuchar. Un grito de resistencia y amor por la identidad quechua desde el corazón de Ayacucho. 

Sanar las heridas que dejaron hechos de violencia con el arte es convivir en paz con la conciencia.

Grecia Delta

Publicado: hace 17 horas


Hay algo mágico en la obra de Renata Flores. Algo que nos remueve, que nos atraviesa sin previo aviso, como un golpe certero al alma. Su música no solo es un canto, no solo una fusión de géneros; es una llamada de atención, una grieta que se abre en la piel de nuestra historia colectiva. Traficantes, su segundo álbum, es ese instante en el que el grito ancestral no se disuelve en el aire, sino que resuena en cada rincón de nuestra memoria, pidiendo que se le escuche, que se le valore para no extinguirse.

Renata, con solo 23 años, ha logrado consolidarse como la voz del quechua urbano, con una fusión entre la tradición andina y los ritmos globales. Su mensaje no es solo un canto de belleza, sino un claro reflejo de la urgencia de reconocer y valorar la memoria colectiva de pueblos históricamente silenciados. Pero, más allá de su calidad artística, su trabajo expone una realidad que, desafortunadamente, no recibe la atención que merece desde los medios de comunicación.

En un país como el Perú, donde las lenguas originarias han sido sistemáticamente invisibilizadas, el trabajo de Renata se convierte en un acto de justicia y preservación del quechua. Ella no solo canta, sino que reivindica un legado familiar y ancestral, siendo el centro de su música, una cultura que aún lucha por ser respetada. A través de Traficantes, Renata nos invita a despertar y mirar con nuevos ojos, a asumir nuestra responsabilidad en el cuidado de la tierra, la memoria y la paz. Es un álbum que clama por el regreso a nuestras raíces, en conexión con nuestro origen, como ella misma dice, para que "vuelva a florecer".

foto: heiner castillo matarrita

Renata no es solo un producto de la globalización que canta con beats urbanos. Ella es una flor, como la retama, nacida de la tierra, entre la violencia y de la memoria amarga en Ayacucho. Su música tiene el peso de generaciones enteras que no pueden, no deben, ser olvidadas. Traficantes es su forma de decirnos que dejemos de normalizar lo que está mal, que no podemos seguir mirando hacia otro lado mientras se despoja a un pueblo entero de su identidad, de su dignidad. Su mensaje no es solo político: es existencial. Es una llamada a despertar.

Pero si algo nos enseñan las grandes artistas como Renata es que las luchas no son fáciles ni breves. Son intensas, profundas, interminables. En cada frase de Traficantes hay una resistencia silenciosa que exige ser escuchada con urgencia, porque la historia de nuestro pueblo andino no merece ser borrada por una élite que ha decidido que no tiene valor. Lo que se quema nunca se apaga del todo, permanece en las cenizas, esperando el momento de resurgir.

Renata resucita esas cenizas. Pero el peligro es que su voz no se quede en un eco olvidado, en una resonancia fugaz. Necesitamos más que eso. Necesitamos que los medios de comunicación, esos canales de poder, den espacio a la memoria y a la lucha. Necesitamos que su voz se multiplique en todas las plataformas, que su mensaje se convierta en una ola que inunde los rincones más recónditos, que sus palabras no sean una excepción, sino la regla. Los medios tienen la responsabilidad de dar visibilidad a aquellos que, como ella, están arriesgando todo para que no se olvide lo que nos duele, lo que queremos sanar con ese respeto que merece toda persona.

La música es, sin duda, una de las formas más poderosas de resistencia y transformación social. No solo transmite emociones, sino que también puede abrir debates, reflejar realidades ignoradas y ser el vehículo de luchas olvidadas. En este contexto, artistas como Renata Flores han logrado hacer de su arte una herramienta política, social y cultural, llevándonos más allá del disfrute estético para conectar con una historia profunda y viva.

No es solo música lo que nos ofrece Renata. Es un llamado a la conciencia, a la política de la memoria. Cada nota de Traficantes es una herida abierta, un recordatorio de que la historia no está escrita por quienes tienen el poder, sino por aquellos que viven anhelando la paz y espacios seguros para continuar floreciendo.



Escrito por

Grecia Delta

Escribo, luego existo. Género, interculturalidad e interseccionalidad. Autora de "La ideología del amor". Sígueme en Twitter: @greciadelta


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Proletaria de las palabras. El universo el límite. @greciadelta